
Aceite usado, envases de químicos, baterías, tubos fluorescentes, trapos con solvente… Muchos residuos que en una empresa parecen "basura común" son en realidad peligrosos, y en Uruguay tienen reglas propias. Gestionarlos mal no es solo un problema ambiental: puede derivar en observaciones, sanciones y responsabilidad del titular. La buena noticia es que ordenar esto es más simple de lo que parece cuando sabés qué te pide la normativa.
Un residuo es peligroso cuando, por sus características, puede dañar la salud de las personas o el ambiente. Se lo identifica por presentar una o más propiedades de peligrosidad: ser inflamable, corrosivo, reactivo, tóxico, infeccioso o ecotóxico. También se consideran peligrosos los envases y materiales que estuvieron en contacto con sustancias peligrosas.
En una PyME uruguaya —un taller, una imprenta, una industria chica, un comercio o un consultorio— los más comunes suelen ser: aceites y lubricantes usados y filtros de aceite; envases vacíos de pinturas, solventes, agroquímicos o limpieza industrial; solventes y pegamentos; baterías, pilas y acumuladores; tubos fluorescentes y lámparas de bajo consumo (contienen mercurio); residuos electrónicos (RAEE); trapos y absorbentes contaminados; y residuos sanitarios en clínicas y veterinarias.
El marco se apoya en varias normas que conviene tener presentes: la Ley 17.283 (Protección del Ambiente), que fija el deber general de gestionar bien los residuos; la Ley 19.829 (Gestión Integral de Residuos), que establece la jerarquía —evitar, reducir, reutilizar, reciclar, valorizar y, por último, disponer— y la responsabilidad del generador; y el Decreto 182/013, modificado por el Decreto 62/022, que reglamenta la gestión de los residuos sólidos industriales y asimilados, incluidos los peligrosos. A esto se suman convenios internacionales que Uruguay ratificó, como el de Basilea (movimiento transfronterizo de residuos peligrosos), Estocolmo y Minamata. La autoridad de aplicación es el Ministerio de Ambiente, a través de la DINACEA.
Dependen del tipo y la escala de la actividad, pero en general implican:
Mezclar peligrosos con residuos comunes "para no complicarse"; acumular envases de químicos sin rotular ni sector definido; entregar aceite usado, baterías o RAEE a quien "pasa a buscarlos" sin verificar su habilitación; no guardar los comprobantes del destino final; o no presentar la declaración jurada. Cualquiera de estos puntos es una observación esperando a ocurrir —y la mayoría se resuelven con orden, no con grandes inversiones.
El primer paso es un diagnóstico: qué residuos peligrosos genera su empresa, en qué cantidad, cómo se clasifican y qué le exige la normativa según su actividad. Con eso claro, el plan, los gestores y los registros salen ordenados y sin gastar de más. En Sinergia Ambiental hacemos ese diagnóstico y lo acompañamos hasta dejar la gestión documentada y en regla. Puede ver el detalle en nuestra página de gestión de residuos.
Hacemos el diagnóstico, armamos el plan y lo dejamos en regla, sin complicaciones. La primera consulta no tiene costo.
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